
“Uno de los problemas más difíciles en materia de interpretación de evidenciaes el que se plantea cuando se intenta determinar quiénes somos, a partir de la interpretación de las confusas señales exteriores. Las posibilidades, en este caso, de conflictos entre niveles, e internos a cada nivel, son enormes. Los mecanismos psíquicos tienen que habérselas , simultáneamente con la necesidad interna de autoestimación y con el constante flujo de evidencia, proveniente del exterior, que afecta a la imagen. El resultado es que la información fluye, a través de un complejo remolino, entre los diversos niveles de la personalidad; conforme gira el torbellino, algunas de sus partes se ven magnificadas, reducidas, negadas o, como sea, distorsionadas; luego, se van amoldando de nuevo a la misma especie de remolino, y así una y otra vez… todo ello en procura de reconciliar lo que es con lo que desearíamos que fuera.
Finalmente, la imagen total de “quién soy” es incorporada, de alguna manera enormemente compleja, dentro del conjunto de la estructura mental, y contiene una gran cantidad de incoherencias irresueltas o, probablemente, irresolubles. De aquí proviene, con toda seguridad, gran parte de la tensión dinámica que integra de modo tan significativo al ser humano. La tensión entre las nociones interiores y las exteriores sobre quiénes somos da origen a las diversas orientaciones a determinados objetivos, y ello es lo que hace algo único de cada uno de los seres humanos. Así, paradójicamente, un elemento que todos tenemos en común -el hecho de ser criaturas autorreflexivas- conduce a una rica diversidad en cuanto a las maneras en que internalizamos la evidencia relativa a todo género de cosas, y acaba por ser una de las fuerzas más vigorosas en la plasmación de individualidades diferenciadas”
“Gödel, Escher, Bach: Un eterno y grácil bucle; Douglas F. Hofstadter; Ed: Tusquets; ISBN:978-84-8383-024-6; pag: 775″

